Destinos - Peregrinaciones

Lourdes

EL QUE VIAJA SIEMPRE LLEGA A SU FIN, EL QUE PEREGRINA VUELVE A COMENZAR

Conoce un poco más sobre este destino

Lourdes es uno de los santuarios marianos más visitados del mundo desde que tuvieron lugar aquí las apariciones de la Virgen en 1858 a Santa Bernardette Soubirous. Encima de la cueva de las apariciones de la Virgen fueron construidas tres iglesias superpuestas, la Cripta, la Basílica del Rosario y la Basílica de la Inmaculada Concepción, confiriéndole al conjunto un aspecto impresionante.

 

Peregrinar al Santuario de Lourdes es una experiencia inolvidable que toda persona debe vivir al menos una vez en la vida. Lourdes acoge con amor a todos aquellos que se acercan hasta este sagrado lugar ubicado en los Altos Pirineos franceses y que llegan animados por esa fuente inagotable de fe que es la devoción a la Virgen María.

 

Hasta aquí acuden personas de los cinco continentes. Personas de diferentes procedencias, culturas, lenguas, edades y creencias.  A pesar de esta gran diversidad, todos tienen en común unas actitudes y unos gestos: recorren el camino hasta la Gruta de Massabielle y tocan la roca. Rezan y renuevan su fe en la Virgen, conocen los lugares donde vivió Bernadette y rememoran los hechos acaecidos en 1858. Todo ello responde al llamado “Mensaje de Lourdes”.

 

Lugar cosmopolita y universal, el Santuario de Lourdes es actualmente uno de los primeros destinos de peregrinación mariana del mundo. No en vano, son más de 6 millones de peregrinos y visitantes los que vienen cada año. De ellos, más de cien mil son enfermos que acuden en busca de alivio y consuelo.

 

El Mensaje de Lourdes y los Signos

 

Llamamos "Mensaje de Lourdes" a los gestos y palabras que la Virgen María y Bernadette intercambiaron en la Gruta de Massabielle durante el transcurso de las 18 Apariciones. Este mensaje se puede resumir en estas palabras: "Dios es Amor y nos ama tal y como somos".

 

Actualmente vienen a Lourdes más de 6 millones de personas al año. ¿Cómo es posible que acuda tanta gente a un mismo lugar? ¿Qué hay en este sitio que todo el mundo quiere conocer? ¿Por qué todo el que va por primera vez siente la necesidad de volver?

 

La realidad es que hasta aquí se acercan gentes de toda raza y lengua, gentes de más de 170 países distintos. Todo el mundo cabe en Lourdes y es bienvenido.  Sin duda, hay algo misterioso que les une y les invita a venir. El hecho es que una vez aquí, todas las personas siguen el camino que lleva a la Gruta, tocan la roca y se paran a rezar. Interiorizan y dan gracias. ¿Y por qué todo el mundo tiene gestos y actitudes similares?

 

 La respuesta es que todos ellos acuden a la llamada del "Mensaje de Lourdes", al origen de todo: una persona, Bernardette Soubirous, y unos hechos, las apariciones de la Virgen.

 

Los signos de Lourdes

 

El agua: beber y lavarse 

 

El jueves 25 de febrero de 1858, la Virgen María le dijo a Bernadette: “Vaya a beber y a lavarse en la fuente”. Era un charco con agua sucia, pero pronto empezó a brotar agua limpia y clara. Desde entonces, ese manantial no ha dejado de dar agua. El agua que mana de los manantiales del santuario es idéntica a cualquier otra agua potable de la región. Por supuesto, no es agua milagrosa ni mágica, ni tampoco debe confundirse con agua bendita. La popularidad del agua de Lourdes nace de los milagros que acaecieron en este lugar, siempre relacionados con el empleo del agua, bien fuese bebida, en aplicación directa o en baño. Las personas que beben de esta agua y se lavan lo deben hacer bajo el manto de la esperanza y la fe en la Virgen. El agua en Lourdes es un signo, como el agua del Bautismo. Purifica y libera.

 

La roca: tocar 

 

La Gruta de Massabielle es el lugar de las Apariciones, el sitio exacto donde se apareció la Inmaculada Concepción. Los peregrinos pasan por la Gruta y tocan la roca en uno de los actos más característicos de la peregrinación. Se trata de un gesto de confianza en la realidad inquebrantable de Dios. La roca es un elemento duro, fuerte, un lugar donde podemos apoyarnos y encontrar soporte y sujeción. Tocar la pared de la Gruta representa el abrazo de Dios, sólido y firme como una roca.

 

La luz: encender una vela e iluminar

 

La Luz, representada en las llamas de las velas, significa la fe y esperanza de iluminar y ser iluminados. Bernadette se presentó en la Gruta con una vela encendida la mayoría de las veces. Desde entonces, no ha dejado de haber velas encendidas en la Gruta. Millones de personas han ido depositando sus velas como acción de gracias, ofrenda o petición. Las velas representan las oraciones de los peregrinos. La Procesión de las Antorchas, caminando con una vela encendida en la mano, expresa la luz que ilumina el camino y la vida. Es esperanza.

 

La gente: todas las naciones en un solo pueblo

 

Lourdes es un lugar cosmopolita abierto al mundo. Recibe gentes de toda raza, lengua y nación. La diversidad humana que se puede observar en Lourdes existe desde los mismos orígenes del santuario. Hasta aquí acuden peregrinos, turistas, curiosos, niños, jóvenes, abuelos, padres, enfermos, discapacitados, personas de cualquier religión, etc.. La dimensión internacional de Lourdes no tiene límites.

 

Aguí la Iglesia se vive como una reunión de todos los hijos de Dios.

 

Los enfermos y las hospitalidades: fraternidad y amor 

 

El amor, el cuidado y la atención a los enfermos y discapacitados es una de las formas de vida de este santuario. La Inmaculada Concepción se apareció a Bernadette, una niña enferma. Por eso, cada enfermo que llega al santuario lo hace bajo la protección de la Virgen María.

 

Aquel que va a Lourdes por primera vez, puede quedar sorprendido por la gran cantidad de personas enfermas o discapacitadas que encuentra en el santuario. Oficialmente, son más de 100.000 las que llegan cada año. 

 

Vienen para reconfortarse, renovar las fuerzas para superar el sufrimiento físico o moral y encontar un sentido a sus esfuerzos. Pero no están solos. A su lado, miles de hospitalarios que les acompañan, les cuidan y les proporcionan ayuda. Son gentes de buena voluntad.

 

Lourdes es el lugar donde sanos y enfermos acuden a sanar sus cuerpos y almas.

 

El Santuario

La Gruta y la Basílica de la Inmaculada Concepción, mandada construir por Monseñor Laurence, el Obispo de las Apariciones, constituyen el santuario original. Posteriormente, se fueron añadiendo una serie de iglesias, edificios y pabellones que hacen que hoy, todo ello, se conozca como los Santuarios de Nuestra Señora de Lourdes.

 

Todo el recinto gira en torno a la Gruta de Massabielle, el lugar de las 18 apariciones de la Virgen María a Bernadette. Se puede acceder las 24 horas del día, todos los días del año.

 

Los santuarios, edificios y demás dependencias del recinto se reparten en una extensión de 52 hectáreas. Cuenta con 22 lugares principales de culto, y el responsable es el Obispo de Tarbes Lourdes, quien a su vez nombra como representante permanente a un Rector. El recinto da trabajo a 300 empleados fijos y unos 150 temporales, además de los Voluntarios que trabajan para la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes. 30 capellanes permanentes asisten a los fieles y peregrinos, les acogen, les acompañan y celebran los sacramentos. 7 comunidades femeninas están también al servicio del santuario.

 

La gruta y la imagen de Ntra. Señora de Lourdes

La Gruta y la Basílica de la Inmaculada Concepción constituyen el santuario original. Por eso, el recinto gira en torno a la Gruta de Massabielle, el lugar de las 18 Apariciones.

 

Entrando por la puerta de San José o San Miguel se llega hasta la Basílica de Ntra. Señora del Rosario. A la derecha, pasando por debajo de unos arcos y por delante de las fuentes, se llega a la Gruta. Aquí brotó un manantial de agua pura y limpia que no se ha secado desde entonces.

 

Está formada por tres cavidades desiguales. La más grande se ha convertido en el lugar de celebración de la misa. En la parte superior derecha se encuentra la imagen de la Virgen, dentro de un nicho ojival de dos metros de altura. Es ahí el lugar exacto donde se aparecía la Virgen.

 

En el suelo, a la izquierda y delante de la Gruta, está señalado por una placa el sitio exacto donde se encontraba Bernadette: "aquí rezaba Bernadette el 11 de febrero de 1858”.

 

Al fondo de la Gruta, a la izquierda del altar, se puede ver la fuente que descubrió la joven siguiendo las indicaciones de la Virgen. Detrás del altar, se encuentra una urna donde el peregrino puede depositar sus intenciones de oración. La Gruta invita al recogimiento y a la oración. 

 

Al salir de la cueva, las personas tocan o besan la roca y se santiguan. Este es quizás el acto más característico de todo peregrino en Lourdes. Es una expresión de fe, un gesto de confianza en Dios.

 

La parte superior derecha de la Gruta se encuentra la Imagen de la Virgen, dentro de un nicho ojival de dos metros de altura. Es una imagen blanca sobre un pedestal en el que se puede leer: “Que soy era Inmaculada Concepciou” (Yo soy la Inmaculada Concepción). La imagen fue esculpida por el artista Fabish siguiendo las indicaciones de Bernadette. Pero a pesar de las indicaciones, al principio no le gustó nada a la joven. Le pareció demasiado grande, no tan joven y menos sonriente de como ella la recordaba. La imagen fue bendecida el 4 de abril de 1864, pero Bernadette no pudo asistir ya que se encontraba enferma. La imagen tiene unidas las manos en señal de oración.

 

La Basílica de la Inmaculada Concepción

Construida entre 1866 y 1871, está situada encima de la roca de la Gruta. Inaugurada en el año 1871, fue erigida como basílica menor por el Papa Pío IX el 13 de marzo de 1874.

 

En la fachada, justo encima de la puerta, se representa en un medallón al Papa Pío X con el rostro iluminado por una ligera sonrisa. En su mano izquierda sostiene el decreto, con fecha de 13 de noviembre de 1907, por el que la misa de la Aparición de Nuestra Señora de Lourdes se extiende a la Iglesia universal. El medallón de la parte baja, sobre la puerta de entrada de la Cripta, representa al Papa Pío IX, que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854. A la derecha de la entrada, está grabada en una lápida de mármol la declaración de la autenticidad de las Apariciones hecha por Monseñor Laurence.

 

El presbiterio de la basílica está situado exactamente sobre la Gruta de las Apariciones. Las vidrieras narran artísticamente la historia de la Santísima Virgen, desde los orígenes hasta la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción y las Apariciones. El campanario mide 70 metros. Con capacidad para 500 personas y una decena de sillas de ruedas, las personas con movilidad reducida pueden acceder a ella por el lado izquierdo, desde la calle.

 

La basílica de Nuestra Señora de Rosario

Esta basílica, inaugurada en el año 1889 y consagrada en 1901, tiene capacidad para unas 1.500 personas y 60 sillas de ruedas. Encima de la puerta central de la basílica podemos ver dos medallones de mosaico realizados en los talleres del Vaticano. Representan, el de la izquierda, al Papa León XIII y, el de la derecha, al Papa Pío XII. La Santísima Virgen se apareció a Bernadette con el rosario en la mano.

 

La Basílica del Rosario, con planta en forma de cruz griega, describe a través de sus cúpulas romano-bizantinas los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de la vida de Jesús y de María. Es una auténtica catequesis mural. De ahí su nombre, que viene dado por los 15 mosaicos que representan las escenas de los misterios del rosario. Forman como una corona de rosas, es decir, un rosario. A la izquierda: la Anunciación, la Visitación, la Natividad, la Presentación de Jesús en el templo. Al fondo, escenas de la Pasión. A la derecha, la Resurrección, la Ascensión, Pentecostés, la Asunción de María y la Coronación de la Virgen.

 

Declarada Monumento Artístico, está sufriendo algunos daños por las filtraciones de agua que tiene que soportar y que han deteriorado las cúpulas y los mosaicos. Por ello se realizan obras de acondicionamiento y reparación.

 

La basílica de San Pío X

Esta basílica, construida en cemento armado siguiendo una novedosa disposición técnica, tiene tres cuartas partes de su superficie bajo tierra. El motivo de su construcción fue la celebración del centenario de las Apariciones, además de responder a una demanda de los directores de peregrinaciones.

 

Así, el Obispo de entonces, Monseñor Pierre Marie Théas, decidió su construcción en un amplio recinto, para que pudiese servir además de recogimiento a los fieles en caso de lluvia o fuertes calores durante la celebración. 

 

Fue consagrada el 25 de marzo de 1958 por el cardenal Roncalli, que, en ese mismo año, fue elegido Papa (Juan XXIII). 

 

Tiene forma elíptica (como una quilla de barco invertida) con 58 pilares dobles que sujetan la bóveda. La decoración es realmente austera, destacando los retratos de santos y beatos de gran tamaño del interior. Tiene una capacidad para 25.000 personas, siendo la mayor iglesia de Francia. Lleva el nombre de San Pío X que promovió la comunión frecuente de los fieles y de los niños.

 

La cripta

Para acceder a la Cripta, no hay que bajar, sino subir. Se trata de la primera capilla que se construyó en el recinto como respuesta a la petición que la Virgen hizo a Bernadette en la 13ª Aparición: “Vaya a decir a los sacerdotes que se construya aquí una capilla”. Las obras se iniciaron el 14 de octubre de 1862, y se inauguró el 19 de mayo de 1866 por Monseñor Laurence, Obispo de Lourdes, con la presencia de Bernadette.

 

La Cripta es el comienzo de los Santuarios de Nuestra Señora de Lourdes. Es un lugar de adoración silenciosa, personal y de recogimiento al que conduce un largo pasillo cubierto de exvotos, agradecimientos a Dios y a la Virgen María. Tiene una capacidad para 120 plazas (5 sillas de ruedas).

 

La capilla de San José

Esta capilla semisubterránea, edificada junto a la puerta de San Miguel, destaca por unas modernas líneas de gran sencillez. El presbiterio se ilumina directamente por una apertura circular en la bóveda y el altar está flanqueado por unas imágenes de la Virgen y San José. 

 

Inaugurada el 1 de mayo de 1968 por Monseñor Théas, tiene una capacidad para 450 plazas y 80 sitios para los enfermos.

 

La iglesia de Santa Bernadette

El edificio es una obra moderna, como el mundo actual en el que vivimos. Cuenta con varias salas para el encuentro de grupos y con un hemiciclo de 300 plazas donde se reúnen los obispos de Francia. La capacidad total de la iglesia es de unas 5.000 personas, 300 de ellas para enfermos.

 

En el centro de su arquitectura de metal y hormigón, obra del arquitecto Jean-Paul Félix, llama la atención un gran Cristo de madera dorada, con los brazos extendidos. La iglesia se levanta en el lugar en que Bernadette tuvo su última aparición, el 16 de julio de 1858, ya que ese día la policía había vallado la entrada a la Gruta y prohibía el acceso. Por ello, Bernadette tuvo que ir al otro lado del río Gave para mantener el encuentro con la Señora y fue aquí donde ocurrió. Se inauguró en 1988.

 

La capilla de la adoración

Se encuentra al lado de la Iglesia de Santa Bernadette, en la parte de atrás, y fue inaugurada el 18 de junio de 1995. Su estructura se basa en tres partes bien diferenciadas: 12 columnas que representan los 12 apóstoles; la lona que la cubre, que representa la presencia de Dios sobre todos los hombres; y la columna de madera dorada, como la llama de Dios que guía al pueblo. Tiene cabida para 150 personas.

 

La explanada

Esta solemne avenida conduce al santuario, con la fachada de la Basílica del Rosario de fondo. Con capacidad para más de 40.000 personas, adquiere todo su esplendor a última hora de la tarde, cuando millares de peregrinos realizan la Procesión Mariana de las Antorchas, con velas encendidas.

 

A cada lado de la explanada, Teresa del Niño Jesús y Bernadette, dos de las santas más populares de nuestro tiempo, están frente a frente. Bernadette niña, está apoyada sobre una piedra, rezando el rosario. Fue bendecida en 1936.

            

Este "espacio sagrado" está delimitado al norte y al sur por dos grandes rampas de 130 m. de longitud, como si fueran dos enormes brazos abiertos que acogen a los peregrinos.  Al oeste, se encuentra la fachada de la Basílica Nuestra Señora del Rosario. Al este, la Virgen coronada y el calvario de los Bretones, inaugurado en 1900.

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